paradigmas

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Hoy vamos a hablar del paradigma de las 8 horas entre otros. Para eso vamos a comenzar definiendo qué es un paradigma. La palabra paradigma surge de la unión del prefijo “para” que significa junto, y la palabra “deigma” que significa modelo o ejemplo. Un paradigma es un ejemplo o modelo.

Otra definición de paradigma dice que es un conjunto de reglas que aplican en un contexto determinado. Una tercer definición es la de Bob Proctor, que dice que un paradigma es una multitud de hábitos.

 

Estas definiciones resultan útiles para relacionarlas con las 8 horas de trabajo. En algún momento alguien definió que la jornada laboral tendría 8 horas diarias. Esta definición se utilizó como modelo para otros puestos de trabajo. Se puede decir que esta es la regla que se adoptó. Luego que se incorporó esta regla en diferentes empleos, dicha regla se volvió una costumbre, o sea se volvió algo habitual. Es por eso que podemos llamarlo un paradigma.

 

¿Cuál es el problema de los paradigmas?

 

No queremos generalizar y decir que los modelos, reglas y hábitos sean negativos. Por el contrario. En muchos contextos resultan sumamente positivos para adoptar métodos que probaron ser eficaces.

El problema es que muchas veces operamos con determinadas reglas sin siquiera saberlo, y esto hace que terminemos haciendo algo sin haber tomado la decisión consciente de hacerlo. Si ocurre esto, quizás existen otras opciones más favorables que no estamos considerando. Una vez que nos damos cuenta podemos observar el paradigma de manera consciente y luego decidir si queremos operar bajo sus reglas.

Antes de seguir hablando de las 8 horas de trabajo quiero contarte dos ejemplos de paradigmas no relacionados con el ámbito laboral.

 

pollo2

¿Cómo se cocina un pollo?

Una mamá cocinaba un pollo en el horno cuando su hija observa que antes de cocinarlo, la mamá le corta al pollo las alas y las patas. La hija curiosa le pregunta a la mamá: ¿por qué le cortás las alas y las patas al pollo?

La mamá no sabía la respuesta, y solo puede responderle que aprendió a cocinarlo así de su mamá. La niña al no tener una respuesta de su mamá le pregunta directamente a su abuela por qué le cortaba las patas y las alas al pollo.

La niña se lleva una gran sorpresa cuando su abuela tampoco conoce la respuesta, y también le dice que su mamá lo cocinaba de la misma manera y ella aprendió esa receta sin que se le ocurra preguntar por qué.

La bisabuela de la nena todavía vivía, así que cuando pudo visitarla no dudó en preguntarle por qué le cortaba las patas y las alas al pollo antes de cocinarlo. La bisabuela sí conocía la respuesta: lo hacía porque tenía un horno muy pequeño, en el cual no entraba un pollo entero.

Si bien la mamá y la abuela de la niña tenían hornos más grandes, habían aprendido la receta de su respectiva mamá, y la mantenían al pié de la letra sin haberse cuestionado por qué lo cocinaban sin alas ni patas.

Si hubieran sabido el motivo podrían haber cocinado un pollo más grande sin la necesidad de cortar sus extremidades. El problema es que quedaron atrapadas en el paradigma de “cocinar el pollo” sin siquiera saberlo.

 

caballo2

¿De qué lado se sube un caballo?

Este ejemplo figura en el libro Cómo hacer que las cosas pasen, de Guillermo Echevarría. Esta historia cuenta que una vez, estando en el campo, le preguntaron: ¿de qué lado se sube un caballo?.

Si bien no conocía la respuesta fue lo suficientemente afortunado para contestar correctamente: por la izquierda. Sin embargo, ninguno de los domadores fue capaz de explicar por qué se sube por la izquierda. La respuesta que obtuvo fue: “siempre se hizo así”, dando a entender que no tenía sentido preguntarse por qué dado que era una verdad absoluta.

Parecía que todos conocían la respuesta, pero en realidad lo que hacían todos era repetir lo que habían escuchado de otros.

Más adelante, su maestro de doma le explicó que al caballo se subía por la izquierda porque a los militares que tenían un sable, en general de su lado izquierdo, les resultaba más fácil subir al caballo sin que el sable les molestara.

De tanto repetir la subida por la izquierda el caballo aprendió a quedarse quieto cuando suben a él por su izquierda. Y como los hemisferios izquierdo y derecho de los caballos no están conectados, lo que el caballo aprende de un lado no lo aprende del otro. O sea, el caballo aprendió que si se lo monta por la izquierda debe quedarse quieto, pero no aprendió a hacerlo cuando se lo monta por la derecha. Por esto es normal que los caballos se muestre furioso y dé patadas cuando se lo intente subir por el lado derecho.

 

¿Cómo se relacionan estas historias con el trabajo de 8 horas?

 

Lo primero que nos dejan es que muchas veces somos presos de las decisiones y costumbres de otros, a veces sin siquiera saberlo. Esto es peligroso porque cuando sucede, no sabemos por qué hacemos lo que hacemos. Entonces nos va a ser difícil hacer algo diferente.

La jornada laboral de 8 horas diarias es muy similar. Muchas personas van a sus trabajos, se quedan 8 horas y luego vuelven a sus casas. Si bien muchos trabajos de hoy en día son por objetivos, la jornada laboral de 8 horas sigue siendo una realidad en la mayoría de los empleos.

 

¿Tiene sentido trabajar por 8 horas?

 

Quizás por estar dentro de este paradigma nunca nos hicimos la pregunta. Si no la hicimos no somos diferentes de la madre que corta el pollo sin siquiera saberlo, o el jinete que no sabe por qué sube el caballo solamente por el lado izquierdo.

 

¿Podríamos lograr la misma o mayor productividad en menos horas de trabajo?

 

Quizás la respuesta impulsiva de muchas personas sería “si,  pero decíselo a mi jefe”. Sin embargo, si somos conscientes de este paradigma podemos hacer algo para cambiarlo. por ejemplo, podríamos pensar la manera en la que trabajamos en esas 8 horas para modificarla y volvernos más productivos.

En notas anteriores te dimos algunas sugerencias (ver la matriz de Stephen Covey y las 5 sugerencias para aumentar nuestra productividad).

El problema es que muchas personas no se hace nunca estas preguntas lo cual los deja carentes de opciones. Una vez que seas consciente de este paradigma surgen un montón de posibilidades: podemos cambiar a un trabajo con tiempo flexible, trabajar de nuestra casa y manejar nuestros horarios, seguir en el mismo trabajo pero aprovechando los tiempos libres para avanzar en nuestro emprendimiento, etc.

Muchas acciones requerirán que asumas un riesgo, que salgas de tu zona de confort, pero no vas a poder hacerlo si ni siquiera te planteás la posibilidad.

El paradigma de las 8 horas es simplemente un ejemplo. Me gustaría que pienses ¿de qué otros paradigmas podrás estar siendo presa? Aquí pueden surgir respuestas muy interesantes.

Dentro de tu trabajo es posible que estés haciendo cosas que nunca te preguntaste por qué las estás haciendo. Quizás haya trabajo que ya no necesite ser hecho, quizás haya reuniones a las cuales estás asistiendo que no tengas por qué asistir, quizás quién trabajaba en tu lugar te enseño algo que estás haciendo sin cuestionar, y que hay una manera más eficiente de hacerla, quizás estás haciendo algo que se puede tercerizar, que se puede delegar, quizás estás enviando emails que nunca sean leídos, etc.

En fin, las posibilidades son infinitas, pero para eso es necesario hacerse la pregunta, para que a partir de ahí puedas encontrar el paradigma en el cual estás operando y del cual nunca te diste la oportunidad de salir.

Saludos

Martin

 

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