question

 

En una nota anterior hablamos de los paradigmas en general y del paradigma corporativo y de las 8 horas de trabajo.

Hoy quiero contarte un ejemplo personal que ilustra cómo podemos terminar metidos en estos paradigmas sin siquiera saberlo. Uno de los ejemplos que contamos en dicha nota anterior fue el ejemplo de la mamá cocinando el pollo, que le cortaba las alas y las patas sin saber por qué.

Algo similar me ocurrió en mi familia, pero relacionado con el trabajo.

 

parents

 

En mi familia no era del todo bien visto el trabajo independiente. De hecho, me enseñaron que los trabajos estables y seguros eran lo mejor, dado que había que generar un ingreso fijo, y que no tenerlo podía ser un gran peligro.

Esta enseñanza en sí misma puede ser suficiente para generar un miedo a la incertidumbre y una aversión al riesgo. No estoy criticando a mi familia dado que ellos tuvieron las mejores intenciones.

El problema es que sin quererlo estaba empezando a creer algo opuesto a quién era de verdad, dado que a mí siempre me interesaron los desafíos, por más que implicaran dejar de lado cierta “seguridad”.

Pero además de estas enseñanzas recuerdo una vez que cuando era chico mis padres me hicieron la siguiente pregunta:

 

¿En qué empresa te gustaría trabajar cuando seas grande?

 

Parece una simple pregunta, ¿no? El problema es que esta pregunta tiene una presuposición muy grande: presupone que voy a trabajar en una empresa, o sea que voy a trabajar para otro.

Esto me dificultó darme cuenta que yo no quería trabajar en ninguna empresa, sino que quería trabajar por mi cuenta. Es muy difícil darse cuenta de esto cuando uno es chico, y más cuando una pregunta como esa te reduce las opciones entre las cuales decidir.

Mis padres, por como eran, no consideraban la posibilidad de trabajar por su cuenta.

Estoy seguro que si lo hubieran considerado me lo hubieran presentado como una opción, pero como era algo que iba en contra de su necesidad de seguridad, no lo consideraban, al punto que en un momento directamente se olvidaron de esa alternativa. Estaban atrapados en el paradigma del mundo corporativo.

Tampoco quiero decir que eso este mal. Mi padre trabajaba de tipógrafo, una profesión que en su momento estuvo en auge, y como él era muy bueno en lo que hacía, trabajó para importantes empresas generando un buen ingreso, lo que le permitió mantener a su familia. Considerando estos antecedentes su modelo de éxito estaba en el mundo corporativo.

Por otro lado, mi padre no tuvo de chico la seguridad que hubiera querido, dado que fue criado por una familia adoptiva con mucha incertidumbre financiera. Mi madre fue criada por un padrastro en una situación económicamente similar.

Esto me hace creer que esa incertidumbre los pudo haber llevado a buscar la seguridad aparente que brinda un empleo estable. Como les fue bien en lo que hacían tenía sentido que pensaran que eso era lo mejor que podía tener su hijo.

Preso de este paradigma sin siquiera saberlo, cuando estaba avanzado en mis estudios de Ingeniería comencé a trabajar en una empresa, y por varios años fui parte del mundo corporativo. Trabajé para grandes empresas del mundo de la tecnología: IBM,  Google y otras consultoras multinacionales.

 

IBM

 

¿Cuál era el problema?

 

Google

 

El problema era nada más ni nada menos que … ¡no estaba feliz!

Esta insatisfacción tenía dos componentes importantes: uno era que mi profesión de Ingeniero no me apasionaba, algo que me dí cuenta dos años después de recibirme.

Pero el otro gran componente de esta infelicidad venía de que no quería trabajar para una empresa, por más prestigiosa que fuera a nivel mundial y por más que quisiera esconder esa infelicidad en la comodidad que sentía y en los lujosos beneficios que ofrecían.

Me llevó muchos años darme cuenta de esto, al punto que por momentos me sentí un mal agradecido con la vida, y con mis padres que habían hecho mucho sacrificio para pagar mis estudios y ayudarme hasta conseguir un trabajo. Ahora que lo tenía ¿por qué no me conformaba?

Haberme dado cuenta de la necesidad de independencia y de cambio de carrera fue una de las bendiciones más grandes que tuve en la vida, pero el proceso de cambio llevó varios años y me enfrenté con muchas frustraciones en el medio.

Hoy en día puedo decir que estoy feliz de haber hecho esa transformación, y por eso es que junto a Ana, mi colega y amiga, queremos ayudar a otros profesionales a realizar la misma transición de manera más sencilla.

Para ayudarte con tu objetivo de independizarte es que desarrollamos nuestro entrenamiento que podrás ver aquí.

Volviendo a la historia, me sigue sorprendiendo como esta pregunta (¿en qué empresa te gustaría trabajar?) tuvo una gran influencia en mi vida. Si bien creo que fue toda mi crianza lo que hizo que sin querer terminara en el paradigma del mundo corporativo, recuerdo el fuerte impacto que tuvo esa pregunta en mí.

Con el tipo de crianza que tuve no me sorprende tanto haber elegido trabajar en una empresa, pero lo que sí me sorprende es el hecho de que ni siquiera haya considerado la opción de trabajar de manera independiente.

A veces una pregunta puede cambiar drásticamente tu foco de atención y las decisiones que tomes al punto de llegar a enceguecerte. Esto es lo que hacen los paradigmas: te ciegan al punto que ni siquiera sabés que estás en él.

Habiendo dicho esto me gustaría preguntarte:

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  • ¿En qué paradigma estás inmerso?
  • ¿Qué preguntas pueden haberte sesgado en tu vida o hecho tomar una decisión que quizás no querías tomar?

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Para pensarlo, ¿no? Y además de pensarlo, para escuchar el mensaje que te digan tus emociones. Podés compartir en la caja de comentarios de abajo lo que descubriste. Hacer esto te hará ganar claridad, reflexión y enfoque de los pasos que más necesitas dar para acelerar tu transición hacia la independencia profesional y personal.

Saludos,

Martín

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