El miedo es una de las limitantes más grandes a la hora de alcanzar tanto nuestra independencia profesional como cualquier objetivo ambicioso en nuestra vida. Sin embargo muchas personas no reconocen la presencia del miedo. En muchos de los cursos que dictamos, cuando hablamos del miedo, las personas coinciden que es una gran limitante, pero a la hora de enfocarse en sí mismos muchas veces no se dan cuenta de que el miedo los esté dominando.

Esto es muy común. Muchas veces no somos conscientes del gran poder que el miedo ejerce en nosotros. Esto hace surgir una gran pregunta:

Cuando creemos no sentir miedo, ¿será que realmente no lo estamos sintiendo o que no somos conscientes de que nos domina?

No estoy diciendo que tengamos miedo en todo momento. Casi todos hemos vivido momentos en los cuales nos sentimos en un gran estado de confianza y logramos actuar sin miedo, o a pesar del miedo. Este es un estado real, el que muchas veces hablamos sobre cómo generarlo por nosotros mismos.

Sin embargo, por muchos momentos el miedo nos invade y nos limita sin que nos demos cuenta. Esta es la estrategia perfecta del miedo, porque si no nos damos cuenta que tenemos miedo, no vamos a hacer nada por combatirlo.

Voy a presentarte 10 disfraces del miedo, para que cuando te encuentres en alguna de estas situaciones, entiendas realmente qué está pasando y logres resolver el problema de raíz. Cabe aclarar que, como hemos comentado varias veces, no todos los miedos son negativos. En algunos casos el miedo nos ayuda a sobrevivir. Sin embargo, en esta nota nos vamos a referir al miedo como estado de ánimo, al que surge de manera permanente cada vez que queremos avanzar hacia un objetivo ambicioso, al miedo que nos limita y nos impide salir de nuestra zona de confort.

Veamos estos 10 escenarios, explicando como el miedo se disfraza y nos engaña para no accionar, y luego explicando qué hay detrás de ese disfraz para poder entenderlo y transformarlo:

1. Confusión

En una nota previa hablamos de que la confusión no es necesariamente negativa. Existen situaciones en las que la confusión nos abre a nuevas posibilidades, nos ayuda a romper viejos paradigmas. Ese es un estado de transición.

Sin embargo, la confusión resulta negativa cuando nos estanca. Por ejemplo: puedo no avanzar con mi proyecto independiente porque no tengo claro qué hacer, no tengo claro cómo comenzar, o ni siquiera tener claro que quiero emprender.

Detrás de esta confusión está el miedo. Si no tengo claro qué hacer, entonces tengo la excusa perfecta para quedarme donde estoy, pero no es por tener miedo sino por falta de claridad. Racionalizando tendría sentido no hacer nada porque si lo hago puedo equivocarme y terminar invirtiendo mucha energía en algo que después me voy a dar cuenta que no quería hacer o no iba a tener resultados.

¿Cuál es la verdad?

Detrás de la confusión está el miedo, el miedo al fracaso, a que no seamos buenos en lo que hacemos, lo cual oculta el miedo número uno de todo ser humano: el miedo a no ser suficiente.

La verdad es que todos tenemos ese miedo, incluso los emprendedores más exitosos, así que es algo que tenemos que enfrentar.

Cierta reflexión para conocernos y decidir qué queremos emprender definitivamente resulta positivo. Sin embargo, si nos estamos quedando en una aparente confusión permanente, es momento de reconocer que es el miedo el que nos está controlando y es eso lo que tenemos que enfrentar. Muchas veces la claridad se encuentra en la acción, y si no llevamos adelante acciones podemos estar dudando el resto de nuestra vida.

Tomemos una decisión, correcta o incorrecta, pero tomemos una decisión, pasemos a la acción y salgamos de la duda y la confusión.

2. Dispersión, desorden, falta de constancia

En ocasiones estamos dispersos, en el sentido que nos cuesta concentrarnos, o tenemos muchas cosas triviales que nos distraen. Eso nos causa falta de constancia y terminamos siendo muy poco productivos.

Estos comportamientos son también síntomas del miedo. Cuando hay una posible amenaza nuestra mente busca evitarla a toda costa. Si el proyecto que queremos lograr resulta de alguna forma peligroso la dispersión es una manera sutil de protegernos sin que nos demos cuenta de que en el fondo se oculta el miedo.

Veamos qué miedo sentimos realmente y enfrentémoslo. Sino vamos a estar enfrentando el problema equivocado.

3. Postergación

La postergación es similar a la dispersión. Nuestra mente posterga algo porque siente que realizar la acción puede traer más dolor que placer. Esta decisión es emocional y no racional.

Si una persona se promete a sí mismo que el lunes comienza a ir al gimnasio, esa promesa la hace desde su pensamiento racional, porque piensa que será beneficioso para sí mismo en el largo plazo. Sin embargo, la mente emocional pude no estar de acuerdo con eso. Levantarse a las 6 de la mañana para ir a correr en una cinta en ayunas y luego comer una ensalada sin gusto puede no resultar muy atractivo. Y cómo el beneficio de la salud llega a mediano y largo plazo, para una mente que busca la supervivencia y luego el placer inmediato no le resulta muy atractivo levantarse tan temprano para ir a entrenar, en pos de un beneficio que, si llega, tardará meses en verse, y a un costo alto.

La mente emocional es la que decide, y luego la mente racional la ayuda a buscar una excusa para que tenga sentido quedarse durmiendo. Las excusas pueden ser miles: “mejor me quedo durmiendo porque no dormí muy bien los últimos días”, “está lloviendo y me puedo enfermar”, “hace mucho frío”, “mejor adelantar el trabajo”, “el lunes no es un buen día para madrugar” etc.

La solución aquí es conectar con tu verdadero deseo. Preguntarte: ¿cuál es el costo que estás pagando por no accionar? Quizás un día no resulta un problema, pero ¿qué pasaría si sigo un año y esto no cambia? ¿Cómo me sentiría si logro el objetivo que me propongo?

Hacerle ver a la mente emocional el costo de no accionar y todo el placer que vendría a mi vida si lo logro hace que la balanza pueda inclinarse a la acción. Mantener esto en mente es lo que construye la disciplina.

El miedo está presente en este caso por la posibilidad de sentir dolor. Cada vez que una decisión nos lleva más al dolor que al placer, el miedo va a aparecer de alguna forma con el objetivo de evitar que tomemos esa decisión. No obstante, si logramos hacerle ver al miedo que en el largo plazo la ecuación se inclina más hacia el placer, en ese caso vamos a poder dominar el miedo.

4. Auto boicot

El auto boicot tiene una explicación similar a la de la postergación. Cuando nos saboteamos en algo es porque tenemos miedo a que el dolor de la acción sea mayor al placer.

Pongamos un ejemplo: si estoy por dar una conferencia para 1000 personas puedo estar por un lado muy contento porque voy a comunicar mi conocimiento a 1000 potenciales clientes. Sin embargo, hay un riesgo a que esta presentación no sea aceptada por el público, en cuyo caso puedo ser rechazado masivamente, lo cual puede llevar a la humillación y a que no consiga un cliente en mucho tiempo. El rechazo masivo está incluso asociado con la muerte.

Ante la posibilidad más remota de morir, el miedo hace su aparición, ya que su función es asegurar nuestra supervivencia. Como estrategia puede usar el auto boicot, por ejemplo haciendo que nos olvidemos de las filminas en casa, o que de repente nos quedemos sin voz. Para una mente racional esta decisión puede resultar muy perjudicial, pero al miedo no le interesa ser razonable, simplemente intenta protegernos.

5. Intento de control

El miedo también está detrás de aquellos comportamientos donde queremos tener todo bajo control Personas de este tipo no quieren dejar nada al azar. No estamos en contra de la planificación ni del anticipar problemas.

Sin embargo, el querer tener todo bajo control nos lleva a gastar un exceso de energía, también a demorar las acciones, y la causa de este control es el miedo a la incertidumbre, el cual suele generar mucha ansiedad.

La verdad es que si bien hay cosas que hasta cierto punto pueden manejarse, hay otras que no, y debemos aceptar esto y lograr avanzar a pesar de ello. La clave está en conocer la diferencia entre aquello que puedo gobernar y aquello que no, ocuparme de lo primero y soltar el resto.

Según Anthony Robbins: la calidad de nuestra vida es directamente proporcional al grado de incertidumbre que podamos tolerar. Si necesitamos demasiada certeza vamos a querer controlarlo todo, lo cual no solo que es imposible, sino que el intento de hacerlo va a llevarnos a una vida predecible y aburrida. No vamos a asumir riesgos, lo cual nos va a dificultar que podamos alcanzar grandes logros. Vamos a tener una vida sin pasión porque todo aquello que tiene pasión no requiere control

Aceptar la incertidumbre y soltar el control requiere confianza en el proceso de la vida, abrirse al fluir, construyendo certeza sabiendo que ocurra lo que ocurra podremos manejarlo. Abrirse a este proceso de fluir nos permite disfrutar más de la vida y estar abierto a las sorpresas de lo impredecible, que si sabemos adaptarnos a ello nos estaremos abriendo a nuevas posibilidades. Al hacer esto estamos liberándonos del miedo.

6. Vergüenza

Otras veces podemos sentir vergüenza, por ejemplo: si le contamos a alguien sobre nuestro proyecto de independizarnos, o si nos da vergüenza ofrecerlo. La vergüenza, si bien es una emoción básica, también oculta el miedo, miedo al rechazo social, el cual como ya dijimos puede estar asociado con la muerte, y por eso resulta tan doloroso.

Reconocer este miedo es el primer paso para cambiarlo. Luego podemos trabajar la confianza en nuestro proyecto. Si no tenemos confianza en lo que ofrecemos quizás sea necesario revisar nuestra oferta.

O quizás sea simplemente adquirir el nuevo hábito de ofrecer lo que hacemos, de darlo a conocer al mundo sabiendo que estamos contribuyendo con algo muy valioso. Si lo que ofrecemos tiene valor, estamos dándole una gran oportunidad al potencial cliente de mejorar su vida en algún aspecto. Si creemos esto con convicción vamos a querer ofrecerlo a gritos.

7. Desmotivación

Muchas veces estamos desmotivados, insatisfechos con nuestro estado actual. Estas emociones son positivas porque nos ayudan a desear algo más, a buscar algo mejor. Aquello que no avanza retrocede, y la desmotivación o insatisfacción nos recuerdan que es hora de buscar algo nuevo.

Hasta ahí no hay nada malo con la desmotivación o insatisacción. El problema surge cuando no hacemos nada al respecto. Si no accionamos para cambiar la situación que nos desmotiva es muy probable que esté presente el miedo, ya sea miedo al fracaso, al éxito, al cambio, o en alguna de las formas que ya mencionamos.

Reconocer el miedo es el primer paso para que deje de dominarnos. No podemos escapar de una prisión si no sabemos que estamos encerrados en una. Una vez que identificamos el miedo podemos enfocarnos en resolverlo.

8. Tristeza

La tristeza es una emoción básica en su esencia muy diferente al miedo. Por ejemplo, si perdimos a un ser querido la tristeza hace que fijemos nuestra atención en aquello que perdimos para que reflexionemos sobre nuestro comportamiento y aprendamos de esa experiencia para que no nos vuelva a suceder en el largo plazo. Esta es una función muy positiva.

Sin embargo, la tristeza puede relacionarse con el miedo cuando surge de un estado de resignación, cuando queremos algo y no creemos poder tenerlo, y por eso no hacemos nada para conseguirlo. Eso puede producirnos una gran tristeza.

Por ejemplo, puedo estar triste porque siento que llegué al techo de mi carrera en la empresa en la que estoy. En cierta forma es similar a la insatisfacción que explicamos previamente, pero como no creo poder hacer nada al respecto me resigno y me siento triste. Esta tristeza viene de imaginarme un futuro sin posibilidades y en creer que no puedo evitar esa situación. Esa tristeza en casos extremos puede convertirse en depresión.

La verdad aquí es que tenemos el potencial de hacer lo que sea que nos propongamos. Podrá llevar tiempo, requerir esfuerzo, coraje, que aprendamos algo nuevo, pero tenemos toda la capacidad de lograrlo. Que no lo hayamos logrado hasta ahora no significa que no podamos hacerlo.

Trabajar en cambiar la creencia limitante va a transformar la tristeza en motivación, y al lograr dicha transformación nos moveremos inmediatamente a la acción. Nos va a ayudar a reconectar con nuestro verdadero potencial y cuando lo hagamos esa motivación nos va a mantener entusiasmados.

9. Estrés

El estrés también oculta el miedo, el miedo a no tener los recursos para poder resolver una situación, y debajo de esto se oculta nuestro miedo a no ser suficiente.

Podemos llegar a esto haciendo preguntas del tipo “¿qué pasaría si …?”. Por ejemplo, supongamos que una persona está estresada porque tiene mucho trabajo. Podríamos hacerle las siguientes preguntas:

  • ¿Qué pasaría si dejás algo de ese trabajo para mañana? “Mis clientes no lo van a aceptar”
  • ¿Y qué pasa si no lo aceptan? “probablemente pierda varios clientes”
  • ¿Y qué ocurre si perdés esos clientes? “mi negocio no sobrevive”
  • ¿Y qué ocurre si tu negocio no sobrevive? “significa que fracasé”
  • ¿Y qué pasa si fracasás? lo cual tarde o temprano nos lleva a nuestro miedo a no ser suficiente

Por supuesto que entendemos lo que hace esta persona por mantener sus clientes, darle valor, y tener un negocio que resulte rentable. No estamos cuestionando eso para nada. Lo que estamos diciendo es que el estrés oculta el miedo, y las decisiones tomadas desde el miedo nunca son buenas decisiones.

Y aquí volvemos al mismo punto, a salir del miedo, por ejemplo confiando en nuestros recursos, en nuestro potencial, buscar alternativas creativas, las cuales se generan luego de romper con el miedo. Una persona con coraje siempre sabe qué decisión tomar porque hace lo que considera correcto. Podrá ser una decisión dolorosa pero estará tranquilo en su conciencia con su decisión.

Algo más sobre el estrés. Cuando nos estresamos en general imaginamos escenarios mucho peores de lo que en realidad ocurren. Hasta cierto punto resulta efectivo anticipar problemas, pero si nos preocupamos por todo lo que puede salir mal vamos a estar en problemas. Probablemente terminemos en el excesivo control que ya mencionamos. Anticipemos hasta cierto punto pero luego de hacer lo que está en nuestras manos enfoquémonos en lo positivo, y en caso que algo no salga como queríamos podemos cambiarlo y aprender de ello.

Un cobarde muere mil veces pero una persona con coraje solamente una

10. No sentir nada

Finalmente el no sentir nada también puede esconder el miedo. Este sería un estado que podríamos llamar apatía, cuando nada nos mueve, nada nos motiva. No podemos decir que estamos desmotivados sino más bien en un estado de indiferencia.

La motivación es parte de la esencia del ser humano ya que la mente busca continuamente la expansión. Si estamos en este estado de indiferencia a nivel emocional estamos impidiendo que fluyan las emociones positivas, y la causa de esto puede ser el miedo.

En un estado de apatía o indiferencia no nos vamos a mover a la acción, y si lo hacemos no vamos a hacerlo con mucha energía. En otra nota, hablamos sobre cómo el miedo opera a diferentes niveles, y el nivel en el cual más nos domina es inhibiendo nuestro deseo. La ausencia de deseo, o sea no sentir nada no es un estado natural del ser humano. Esta es la estrategia del miedo. Suele ser una de las más difíciles de reconocer y debemos enfrentarla como cualquiera de las emociones anteriores.

Espero con estas 10 situaciones haberte dado más claridad sobre los disfraces del miedo dado que el mismo se presenta de manera muy sutil. Esta es la mejor manera que tiene de dominarnos, dado que si no sabemos que sentimos miedo no vamos a ver la necesidad de enfrentarlo.

Muchos de los problemas que enfrentamos, son problemas aparentes, problemas seguros que nos distraen de nuestros reales problemas, que para resolverlos necesitamos tomar decisiones con coraje, a pesar del miedo, y enfrentar nuestro gran miedo a no ser suficientes. No digo que sea fácil, pero te aseguro que la recompensa lo vale.

“El miedo es la mas sutil y destructiva de las enfermedades humanas” Les Brown

Saludos,

Martín

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